El ensayo en el siglo XXI ha resurgido como un espacio privilegiado para el pensamiento crítico, la reflexión personal y el análisis cultural, en un contexto de aceleración digital y fragmentación del discurso. Frente a la inmediatez de las redes sociales y el dominio de la información superficial, el ensayo propone pausa, profundidad y estilo. En este siglo, el ensayo ha asumido una función doble: es refugio del intelecto y trinchera contra la trivialización del sentido. Y entre sus representantes más significativos en el ámbito hispano contemporáneo, destacan figuras como Remedios Zafra y Jorge Freire, que, desde posiciones distintas, han revitalizado el género.
El ensayo actual no es ya solo académico ni exclusivamente filosófico. Puede ser narrativo, poético, autobiográfico, híbrido. Reúne formas múltiples, desde la crónica hasta el diario, desde el aforismo hasta la meditación argumentada. Es un género flexible que, como advirtió Montaigne, permite pensar en voz alta, sin la obligación de demostrar, pero sí con la responsabilidad de implicarse. En ese sentido, muchos ensayistas del siglo XXI se han acercado a temas que antes parecían marginales o inadecuados: las emociones, la precariedad, el yo digital, la belleza, la identidad, la ironía o el malestar contemporáneo."La Fundación Ramón Areces no se hace responsable de las opiniones, comentarios o manifestaciones realizados por las personas que participan en sus actividades."