Desde la antigüedad clásica, el reconocimiento público ha sido una de las piedras angulares sobre las que se hizo descansar la república. Para Cicerón, por ejemplo, la verdadera gloria no podía buscarse, sino que emanaba de la virtud como la sombra del cuerpo. Lejos de ser un objetivo personal, buscado a cualquier precio, la fama era la recompensa del talento. Ovidio, por el contrario, describió la fama en sus Metamorfosis, como un hogar de rumores y susurros, de bronces huecos, resonantes. Muchas de las grandes plumas del mundo moderno también reflexionaron sobre el deseo tan humano de inmortalidad y gloria. Mientras que Erasmo ridiculiza la búsqueda de fama, para Maquiavelo, la ambición de la gloria inmortal está en la base de la eficacia política. En nuestro mundo contemporáneo, la fama, distinta de la gloria o la celebridad, se ha democratizado en los medios y en los fines. Siguiendo el ejemplo, Eróstrato, el pastor griego que prendió fuego al templo de Artemisa para que su nombre pasara a la posteridad, no son pocos los que confunden la fama con la infamia y la gloria con la mera popularidad.
De la mano de Isabel Burdiel y de Javier Gomá, conversaremos sobre la fama, la gloria, la infamia o la celebridad en el marco general de La Razón Biográfica."La Fundación Ramón Areces no se hace responsable de las opiniones, comentarios o manifestaciones realizados por las personas que participan en sus actividades."