Hay al menos dos historias de vida que se nos escapan. La historia clínica que escriben los psiquiatras de sus pacientes y los obituarios que escribimos a los muertos. Para el historiador profesional, el relato pormenorizado de las enfermedades del alma y el discurso fúnebre constituyen fuentes excepcionales, a veces incluso las únicas, para comprender muchas existencias del pasado o del presente. Sucede además que la historia de los alienados y los elogios fúnebres se parecen hasta el punto de que la locura de los enfermos bebe de las mismas fuentes que la cordura de los sanos, sobre todo cuando los elogios tienen por objeto celebrar la vida de quienes pasaron a la posteridad a consecuencia de su genio, su tesón o inteligencia. Tanto en un caso como en otro, el relato gravita alrededor de una idea fija, de una obsesión intelectual que conduce en unos casos a la gloria y en otras, en la mayoría, al desencanto, a la frustración, a veces a la locura."La Fundación Ramón Areces no se hace responsable de las opiniones, comentarios o manifestaciones realizados por las personas que participan en sus actividades."